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Consuelo en el campo

El viento sopla y mueve al compás las espigas del campo. Al mismo tiempo, el patrón da un paseo por el lugar supervisando la siega. Los empleados realizan la misma rutina, los burros están cargando el peso recomendable y, como el trabajo es fuerte, todos se detienen por momentos para descansar y refrescarse con un poco de agua. Al parecer todo marcha bien, a excepción de algo poco común: entre los empleados se divisa a una mujer extranjera y ajena a los demás. Algo no está bien en ella… Su mirada concentrada y a la vez perdida mostraba en cierta forma un dolor que lleva por dentro, un corazón dañado que se guía del sufrimiento para subsistir. Los ojos del patrón se centran en ella y rápidamente pregunta quién es. “¡Es Rut, la moabita!” -le dijeron. Él la reconoció, había oído antes sobre ella, sobre la trágica perdida de su esposo, que dejó su nación para seguir a su suegra, entre otras cosas quizá. Puede que la fidelidad de esta mujer lo conmovió, o tal vez la pena que se leía en su mirada o hasta su pobreza, no lo sabemos. Pero Booz siente la necesidad de hablar con ella, entonces se acerca y le ofrece todo lo que en su campo hay. Incluso les da órdenes a sus criados para que no la molesten y además se muestra amable y gentil. Booz la honra, pero Rut aún se pregunta el porqué.

Y respondiendo Booz, le dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes. Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte.

Estas bellas palabras trajeron sanidad al corazón de Rut. Las mismas palabras que escucharías cuando la vida te golpea con una pérdida, una separación, un problema y recurres a Dios y tomas decisiones basadas en Él. Dios nunca llega tarde, él llega en el momento preciso a consolar nuestros corazones y sobre todo a restaurarlos.

“Y ella dijo: Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy ni como una de tus criadas.”
(Rut 2:11-13)

(Esta historia está en la Biblia, léela: Rut 2)

Rut fue fiel y en todo se comportó de la mejor manera, sin embargo, eso no hizo que el dolor salga de su corazón. Eso solo la llevó al campo y fue en el campo donde encontró consuelo. Quizá hoy necesitas ir al campo, a ese lugar donde encontrarás consuelo. Si bien es cierto, no siempre hay una persona, pero Dios siempre está allí. Él conoce tu corazón, y si él lo conoce, solo él sabe cómo repararlo. Puedes confiar en él.

Por otro lado, quizá hoy sientas que debes llamar o escribirle a alguien que sabes que está pasando un tiempo difícil. Puede que tú seas el instrumento de Dios para traer consuelo a un corazón hoy.

Pastor Sebastián Alencastre

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