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El reto del Jordán

Josué enfrentaba su primer reto: cruzar el enorme río Jordán. Habían pasado 3 días, el pueblo seguía acampando frente al río, y Josué aun no recibía instrucciones de Dios, algo que le diga “cómo pasar el Jordán”. Lo último que Dios le había dicho era:

No temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. (Josué 1:9)

Todos sabían que Dios lo había puesto como el nuevo líder de Israel, pero había llegado la hora de demostrar de qué estaba hecho. Las historias del antiguo líder eran épicas: 10 plagas, un mar abierto, maná del cielo, agua de las rocas, entre otras cosas, una más increíble que la otra. Pero este nuevo líder aun no se comparaba con el anterior. Sin embargo, por más que Josué aun no tenía ciertas señales o se había ganado el respeto total de la gente, había algo que aprendió en sus años asistiendo a Moisés: Dios siempre guía a su pueblo. Entonces, por más que Josué no sabía el “cómo”, sabía “quién” lo haría. Así que mandó a sus oficiales a que dijeran al pueblo que cuando vieran el arca de Dios, tenían que seguirlo, pues Dios les mostraría el camino por donde ir. Luego de eso, Josué habló al pueblo:

Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros. (Josué 3:5)

¡Esto es increíble! Josué ni siquiera sabía qué iba a suceder, pero delante del pueblo dijo “Jehová hará”. En otras palabras, Josué le dio el lugar correcto a Dios. Y ni bien terminó de hablar, la voz de Dios se hizo escuchar en los oídos de Josué:

Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo. (Josué 3:7)

¡Doble wow! Esto fue la confirmación de la promesa: “si Dios usó a Moisés para cruzar el Mar Rojo, Dios usaría también a Josué para abrir el Río Jordán. Si Dios usó 10 plagas para liberar a Su pueblo, Josué pelearía muchas batallas para llevar a Su pueblo hasta la Tierra Prometida. Si Moisés oró y recibió maná día a día, Josué los llevaría hacia la Tierra donde fluiría leche y miel.

Dios siempre cumple sus promesas. Siempre. Por más que no sepas el cómo, debes saber y recordar “quién ha prometido que lo hará”.
(Esta historia está en la Biblia, léela: Josué 3)

Querido lector, ¿quién te está llevando a cumplir las metas que Dios te dio? ¿Es tu esfuerzo? ¿Es tu visión? ¿Son tus sueños? Sabes, vivimos tiempos en los que las personas y hasta la iglesia traza y crea sus propios puentes para cruzar sus “jordanes”, sin darse cuenta que, si Dios ha puesto una semilla (la cual puede ser un sueño, anhelo, pasión, responsabilidad, etc.) en nosotros, sus hijos, es Él quien se mostrará y nos llevará por el camino hacia la meta, hacia el cumplimiento de la promesa. Pero siempre y cuando dependamos en todo momento de Su dirección, porque separados de Él “nada podemos hacer.” (Juan 15:5)

Te reto a que medites en esto:
“DIOS NO TE SIGUE A TI, ERES TÚ QUIEN SIGUE A DIOS.”

Pastor Sebastián Alencastre

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