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Centro Cultural Ccori Wasi Av. Arequipa 5198

Trae la zarza

El currículo de este hombre era impresionante: era hábil en ciencias, experto en todo tipo de materias administrativas y derecho en la corte. Había sido educado por los mejores sabios del palacio real y hasta tratado como si fuera el heredero del Faraón de Egipto. Pero la triste realidad era que tanto estudio e influencia no le sirvieron de nada. Moisés solo tenía lejanos recuerdos de su vida pasada…Ahora era un simple pastor de ovejas, todo un hombre de campo, un insignificante que se ganaba la vida paseando ovejas y durmiendo a la intemperie. Muchas fueron las noches en las que Moisés recordó los lujos a los que estaba acostumbrado, y hasta quizá se preguntó si estaba en el lugar correcto o si a lo mejor no fue una buena idea defender al israelita. Él estaba ahora en su desierto, el cual, sin lugar a dudas, no se sentía como el mejor lugar.

Moisés pasó 40 años en ese lugar, en el desierto, hasta que un día se encontró con la zarza. Era la voz de Dios que lo llamó en el lugar menos deseado y menos amado por él. Moisés no estaba en un palacio, ni mucho menos en tierra santa, pero es ahí donde la presencia de Dios le habló, lo llamó y lo equipó. Lo primero que Dios le dijo fue:

“Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.” Éxodo 3:5

(Esta historia está en la Biblia, léela: Éxodo 3)

Moisés era un hombre que sentía que no estaba en el mejor lugar de su vida, pero cuando Dios lo llamó lo primero que le dijo fue: el lugar donde estás, Tierra Santa es. Es decir, 40 años de su vida viviendo en medio del desierto, según él sin dirección, sin propósito, quizá quejándose o arrepintiéndose de sus decisiones pasadas, viviendo como nómada. Pero llega Dios y le dice algo que él ni siquiera se había dado cuenta.

Hay momentos en nuestra vida que nos quejamos del lugar en donde estamos, el lugar donde vivimos, del trabajo que tenemos. Y esperamos que Dios nos lleve a un lugar donde finalmente nuestro crecimiento se pueda dar (a nuestro parecer). Muchos de nosotros hemos renegado del proceso en el que estamos, porque definitivamente nos gustaría estar en un lugar mejor y hasta creemos que nos merecemos ya algo mejor. Sabes, donde tú estás, esa casa fea, esa oficina llena de “pecadores”, esa universidad “mundana” o hasta esa soledad, es un lugar santo. Lo es y lo será siempre y cuando traigas a Dios a ese lugar.

Moisés necesitó de una zarza para ver la presencia de Dios en su desierto. Tú tienes una zarza en tu corazón, ese fuego ya está en ti. ¡ENCIÉNDELO Y BENDICE EL LUGAR EN DONDE ESTÁS!

¡Eres luz! Si estás en medio de tinieblas, es porque allí tú debes llevar la luz, es un lugar donde Dios puede actuar.

¡NO TE QUEJES! TRAE LA PRESENCIA DE DIOS A ESE LUGAR.

Pastor Sebastián Alencastre

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