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Volviendo al «Nunca Jamás»

¡Peter, tienes que recordar! ¡Recuerda! Es lo que le gritan los niños del país del Nunca Jamás. Pero es inútil… el ahora “señor” Peter Pan no recuerda nada. Los árboles inmensos, los niños de cientos de años, las hadas esquizofrénicas, “Campanita” (que por cierto no me cae) y sobre todo, su enemigo eterno “el capitán Garfio” (mi villano favorito) le son totalmente desconocidos.
Pero los niños del país del Nunca Jamás aún tienen esperanzas de que Peter Pan recordara su pasado. Al parecer, la vida en la tierra, el trabajo y hasta los hijos le hicieron olvidar quién realmente era. El país del Nunca Jamás dejará de ser el lugar de fantasía y diversión si Peter no recupera la memoria. Él es el único que podrá vencer al capitán Garfio pues así está escrito en su destino.
Me gusta mucho esta escena; Peter no recuerda nada, esta panzón y viejo. Pero su físico no es el obstáculo para luchar contra Garfio, sino que ha olvidado el pasado, aquel momento en el que era un chiquillo soñador que humillaba a Garfio siempre. Ha olvidado que era el líder que guiaba a una manada de niños para impedir la influencia de los adultos.
“Al señor Peter Pan esta batalla le parece absurda. Jamás logrará alcanzar su destino si no recuerda su motivación inicial.”
Sabes, muchas veces caemos en el síndrome de Peter Pan. Olvidamos la motivación inicial por la cual comenzamos algo. Por ejemplo, conozco profesores que el primer día de trabajo enseñaban con pasión y ya estando en casa no podían esperar la hora para que sea el día siguiente e ir a enseñar otra vez. Muchos de ellos estudiaron en la universidad porque creían que en ellos se encontraba la responsabilidad de cambiar la realidad de una nación, pero pasó el tiempo y esa motivación se esfumó. Ahora, con un sastre viejo, van a clases malhumorados y la única hora que esperan es la de jubilarse.
Voy a ser muy directo con este mensaje: quizá sientes que has perdido tu motivación inicial, que perdiste esa alegría de haber conocido a Dios. Esa sensación como cuando todo te parecía color de rosa, había en ti una pasión de hablarle a todo el mundo de lo que Él había hecho por ti. Probablemente hoy te preguntas: ¿dónde está ese fuego que ardía en mí? Y es que nos pasa, te entiendo. A veces con el pasar de los años, la alabanza, las prédicas se hacen parte de la rutina. Antes disfrutábamos cada palabra y cada canción, orábamos siempre para que Dios nos tomara en cuenta para una misión. ¿Lo recuerdas? Hoy te invito a que leas este versículo:

Jeremías 2:2
2 «Ve y proclama a oídos de Jerusalén que así dice el Señor:»
“Recuerdo el amor de tu juventud,
tu cariño de novia,
cuando me seguías por el desierto,
por tierras no cultivadas. 

¿Qué sentiste? Personalmente este versículo movió algo en mí y recordé la conferencia Corazón 2008 cuando hice las paces con Dios luego de haber estado 4 años lejos de Él. Sabes, ese día Dios hizo milagros y no paró de abrir puertas para que este soñador pasara. No me ha abandonado y por más que ahora ande por valles de sombra o sienta que mi motivación o pasión está apagándose, el recordarlo enciende otra vez la llama en mí.
¡Recuerda! ¡Recuerda! ¡Recuerda! ¡Vamos! Hoy te reto a que busques al Padre y le pidas que avive el fuego de tus inicios.

Salmos 51:12
12 Devuélveme la alegría de tu salvación;
que un espíritu obediente me sostenga. 

Pastor Sebastián Alencastre

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